Kiko fue un bebé de liebre. Se la encontraron en Paterna, en una zona que antes era monte y después se urbanizó.
Por lo que se ve el nido fue destrozado, las liebres salieron del nido y se desorientaron.
Una pareja que pasaba por allí paseando el perro, fue la que se la encontraron, y se la llevaron a mi padre.
El primer problema, era alimentarla : ¿que come un bebé de liebre? Nos dijeron que leche en polvo para bebes humanos.
Así que a la farmacia tuve que ir . La cara que puso mi farmaceutico cuando le dije que quería leche en polvo para bebes.
-¿Tienes un bebé? -me dijo.
-Sí, pero no es humano, es una liebre.
-Vaya, las liebres donde mejor están es en la cazuela.
Imaginaros la cara que le puse al bruto de la farmacia.
El segundo problema era con qué darle la leche. Con un biberón, pero con una tetina especial, de cachorros, pues las de bebé humano son muy grandes y necesitábamos una tetina con el agujero muy pequeño para que no se atragantara. La conseguimos en el veterinario.
Menos mal que el animal tenía hambre y se agarraba al biberón con las dos manitas, como un niño. Muy tierno verla tomar su biberón.
La metimos en una caja de cartón, con sus agujeritos y su paño para darle calor
Además de parecer un peluche, tenia otra cosa que la hacía mas encantadora. La dejábamos suelta por el sofá, la llamábamos y acudía a nuestra mano y empezaba a lamerla. Si te la ponías encima de la barriga, se subía hacia la cara y nos daba besitos y nos lamía la oreja. Para comérsela, bueno, no en el sentido literal de la palabra.
Verla correr por el jardín era muy lindo. Como olia la hierba, como acudía a nosotros, para cobijarse....
Toda la semana pendiente de la liebre, pues era un bebé y había que alimentarlo.
Estábamos encantados con ella.
Claro, yo pensaba , cuando crezca ¿a donde la metemos? con lo que corre y salta una animal así.
Un día, nuestra vecina, al comentarle que teníamos una liebre (o conejo ), como ella había tenido cobayas y conejos enanos, nos dio una jaula, pequeña.La metió mi padre en ella.
Cuando nos levantamos, estaba el animal muerto. Con sangre por la nariz. No os podéis imaginar que disgusto nos dio y mas a mi padre cuando se lo dijimos.
La causa fue que el animal , al ser una liebre, salta, y al tener los barrotes de hierros, se desnucó. En la caja de cartón no le hubiera pasado nada pues las paredes son blanditas.
En fin , este fue el final de este precioso animal .
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